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Bendición de la Casa Hermandad

 

bendicioncasa2Como todos los años, la Hermandad llegaba al Rocío el domingo por la mañana para iniciar la procesión que habría de llevarles a los pies de la Blanca Paloma en su ermita para ofrecerle la Santa Misa. El cortejo salió desde la Casa Hermandad de Isla Cristina y, a las diez en punto, entraba en la iglesia dando comienzo a la Eucaristía.

La emoción que se vivía en el interior del templo era la antesala de lo mucho que aún quedaba por vivir durante la jornada. Al finalizar la Santa Misa, la Hermandad abandonaba el templo por la puerta de la Madre de las Marismas e iniciaba el camino de regreso.

 

bendicioncasa1Pero algo era diferente en esta ocasión. La procesión llegó, como cada año, a las puertas de la casa hermandad de Isla Cristina y el Simpecado se situó ante la capilla de la misma, pero sin llegar a entrar. Allí, bajo las paredes encaladas que han acogido a la hermandad almeriense durante veinte años, los rocieros de Almería cantaban una salve al Simpecado y se despedían de la casa que cada año les sirvió de refugio.

El cortejo reinició la marcha y se dirigió a las puertas de la casa hermandad de Almería. A las doce menos cinco minutos el Simpecado almeriense entraba por primera vez en su propia capilla ante la emocionada mirada de miles de rocieros de Almería y los enfervorizados vítores a la Virgen del Rocío y a la propia hermandad. A continuación, el Simpecado volvía a salir de la capilla y entraba en el salón principal de la casa.


bendicioncasa3El Hermano Mayor, Manuel Cara, y el Consiliario de la hermandad, Don Esteban Belmonte, iniciaban el rito de la bendición acompañados por las diferentes autoridades civiles que acompañaron a la hermandad en tan importante día. El alcalde de Almería. Luís Rogelio Rodríguez-Comendador Pérez, con varios concejales, el Presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, José Antonio Sánchez Santander, y varias representaciones del mundo cofrade almeriense fueron testigos de la bendición de la casa junto con la gran familia rociera de Almería.

Al finalizar el acto de bendición de la casa hermandad, el coro interpretó una serie de temas a la par que los rocieros almerienses empezaban a preparar sus mesas para iniciar la convivencia. Tal fue el número de almerienses que se congregaron ese fin de semana en la aldea que la casa se quedó pequeña para darles cabida a todos. Aún así, el recuerdo de aquel día es el de la felicidad y la satisfacción por contar con casa propia en un lugar tan privilegiado como es la calle de las Hermandades, en la misma entrada a la Aldea del Rocío.

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